Una coca ligera para una fiesta intensa
La coca bamba es una pasta esponjosa, azucarada por encima, nada contundente. No llena. No marca el estómago. Para Sant Joan, donde uno pasa horas de pie, rodeado de caballos, brindando con gin con limonada — eso cuenta.
Si fuera una coca densa, después de un par de vasos no podrías seguir.
La tradición de subir a casa de la abuela
En Ciutadella hay una tradición que no sale en ningún folleto turístico: subir a casa de la abuela a merendar ensaimada de Sant Joan con chocolate caliente.
Es la manera de recuperar fuerzas en medio de la fiesta. Después de horas aguantando la intensidad de los caragols, el ruido de los caballos y los brindis en la calle, hay un momento en que todo el mundo desaparece unos minutos. A casa de la abuela, de la tía, de la madre. Un chocolate caliente, una ensaimada recién hecha, diez minutos de tranquilidad. Y otra vez a la calle, con fuerzas renovadas para seguir con la fiesta.
Es de esas cosas que un menorquín no explica porque le parece obvio, y que un forastero no entiende hasta que lo vive.
La cocción justa
El secreto está en la fermentación. Larga, paciente. La masa debe respetar sus tiempos para que salga esa textura tan característica que hace que la llamen "bamba" — esponjosa, como inflada.
En el horno, empezamos a prepararla días antes de Sant Joan. No se puede improvisar.
Una tradición que sigue
Cada año, desde los años 60 — cuando Guiem Pons Fraga la incorporó al catálogo — la coca bamba sale de nuestro horno para Sant Joan. Cinco generaciones después, sigue siendo la misma receta.
La hacemos para Sant Joan y también los fines de semana, durante toda la temporada.